El Reglamento ESPR avanza con los primeros requisitos y marca el camino que seguirán los sectores priorizados y las cadenas de valor en los próximos años
De las organizaciones a los productos. Durante los últimos años, buena parte de la normativa europea en materia de sostenibilidad ha estado orientada a la mejora ambiental de las organizaciones. La huella de carbono corporativa, los sistemas de gestión ambiental o los informes de sostenibilidad han llevado a miles de empresas a medir, gestionar y comunicar su desempeño ambiental.
Ahora la estrategia europea ha evolucionado. Sin abandonar este enfoque, la Unión Europea incorpora una dimensión que se estaba trabajando en menor medida: el producto. El objetivo es avanzar hacia una economía más circular actuando sobre todo su ciclo de vida, desde la selección de materias primas y el diseño hasta su fabricación, uso, reparación y gestión al final de su vida útil.
El principal protagonista en este cambio es el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), publicado a finales de 2024, que introduce una de las herramientas llamadas a marcar los próximos años de la política ambiental europea: el Pasaporte Digital de Producto.
Entre abril del 2025 y del 2026, la Comisión Europea ha aterrizado este Reglamento en un Plan de Trabajo 2025-30 y en el primer borrador del acto delegado del hierro y del acero. Estos documentos marcan el camino de lo que será un cambio integral que supone una transformación en la gestión de los datos en las organizaciones.
En este artículo hacemos un recorrido por los principales avances producidos desde la publicación del Reglamento hasta la situación actual y analizamos por qué merece la pena seguir de cerca esta evolución.
El Plan de trabajo 2025-30
En abril del 2025, la Comisión Europea publicó el Plan de Trabajo 2025-2030, un documento clave porque aterrizó el Reglamento en una hoja de ruta concreta. En él, se establecieron cuáles son las primeras familias de productos sobre las que se desarrollarán requisitos específicos.
Las actuaciones previstas afectarán a tres grandes grupos:
- Productos finales, entre los que se encuentran sectores como los textiles, los muebles o los neumáticos.
- Productos intermedios, donde se incluyen materiales como el hierro, el acero y el aluminio.
- Requisitos horizontales, relacionados con aspectos como la reparabilidad, el contenido reciclado o la reciclabilidad, especialmente relevantes para productos eléctricos y electrónicos.
Además, el Plan mantiene la revisión de numerosos productos relacionados con la energía que ya estaban regulados por la anterior Directiva de Ecodiseño, ampliando considerablemente el alcance de la futura regulación.
Efecto cascada sobre las cadenas de valor
Una de las principales conclusiones del Plan de Trabajo 2025-2030 es la incorporación de productos intermedios, como el hierro, el acero o el aluminio, entre las primeras categorías sobre las que se desarrollarán requisitos específicos.
Aunque pueda parecer que la regulación afectará únicamente a estos materiales, la realidad es muy distinta. Al formar parte de una gran cantidad de productos y procesos industriales, las empresas que los utilicen deberán solicitar información ambiental a sus proveedores para cumplir con los nuevos requisitos.
Esto provocará un efecto cascada a lo largo de toda la cadena de valor. Fabricantes de materiales, proveedores, fabricantes de componentes, ensambladores y clientes deberán colaborar para intercambiar información de forma estructurada, trazable y fiable.
A diferencia de normativas anteriores, donde las obligaciones recaían principalmente sobre la organización afectada, el Pasaporte Digital de Producto impulsa un modelo en el que la información deberá fluir entre todos los agentes de la cadena de suministro.
El primer paso práctico: el borrador para el hierro y el acero
Uno de los avances más relevantes de los últimos meses ha sido la publicación del primer borrador de acto delegado, centrado en los productos de hierro y acero.
Aunque todavía falta la aprobación definitiva a lo largo del año 2026, este documento permite conocer con mucho mayor detalle cómo pretende la Comisión Europea estructurar los futuros requisitos del Pasaporte Digital de Producto.
La propuesta combina requisitos obligatorios y voluntarios sobre la información que deberán incorporar estos productos, marcando el camino que previsiblemente seguirán los futuros actos delegados para el resto de sectores. Entre la información obligatoria destacan la identificación del producto y del fabricante, la trazabilidad, la información sobre sustancias preocupantes (SoC) y distintos indicadores ambientales y de circularidad.
Más allá de su contenido técnico, este borrador supone un hito importante porque confirma que el desarrollo del Reglamento ya está en marcha y ofrece una primera referencia sobre el tipo de información que las empresas deberán recopilar y gestionar en los próximos años.
El gran reto: gestionar la información
Después de analizar la evolución del Reglamento y la documentación publicada hasta la fecha, una idea parece repetirse de forma constante.
El principal reto no será elaborar un Pasaporte Digital de Producto.
El verdadero desafío estará en gestionar toda la información necesaria para alimentarlo: datos del producto, ambientales y trazabilidad de la cadena de valor.
En muchas organizaciones, estos datos ya existen, pero se encuentran repartidos entre diferentes departamentos, proveedores, herramientas digitales o sistemas de gestión.
El Pasaporte Digital exigirá recopilar esa información, estructurarla, mantenerla actualizada y garantizar que pueda compartirse de forma fiable entre todos los agentes de la cadena de valor.
¿Por dónde pueden empezar las organizaciones?
Aunque todavía no existen obligaciones inmediatas para la mayoría de los sectores, el desarrollo normativo avanza de forma progresiva.
Este periodo representa una oportunidad para que las organizaciones comiencen a prepararse, especialmente aquellas que forman parte de cadenas de suministro industriales.
Algunas actuaciones que pueden iniciarse desde ahora son:
- realizar un seguimiento de los futuros actos delegados que afecten a su sector;
- identificar qué información técnica y ambiental ya está disponible sobre sus productos;
- detectar qué datos dependen de proveedores u otros agentes de la cadena de valor;
- avanzar en la digitalización de la información relacionada con los productos;
- y comenzar a trabajar la trazabilidad como un elemento estratégico.
Desde Margube continuaremos siguiendo de cerca la evolución de esta normativa y analizando cada uno de los nuevos desarrollos que publique la Comisión Europea, con el objetivo de ayudar a las empresas a comprender cómo afectarán estos cambios a sus productos, sus procesos y sus cadenas de valor.
